Sab 10 Oct

Vigésimo séptima semana del Tiempo Ordinario Año Par litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A) 🙏

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 3, 22-29     

Hermanos:
La Escritura lo encerró todo bajo el pecado, para que la promesa se otorgara por la fe en Jesucristo a los que creen.
Antes de que llegara la fe, éramos prisioneros y estábamos custodiados bajo la ley hasta que se revelase la fe.
La ley fue así nuestro a yo, hasta que llegara Cristo, a fin de ser justificados por fe; pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al a yo. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos según la promesa.

Palabra de Dios 🙇‍♂️

Salmo

Salmo 104, 2-3. 4-5. 6-7
R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas.
Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

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Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Gloria a ti señor Jesús 🙇‍♂️

✨ Reflexión de hoy

I.1. «Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús»

En tiempos de polarización a nivel internacional, del aumento del racismo, el odio, la mentira y la violencia ¡qué bien nos hace volver los ojos a la Palabra De Dios!

Demasiadas veces los seres humanos, incluidos los cristianos, incluidos los representantes de la comunidad eclesial, incluidos aquellos que hablamos del Príncipe de la paz, de la cultura cristiana, de las tradiciones humanistas… dividimos por raza, por género, por ideologías y nos olvidamos que, por encima de las leyes de la humanidad está la llamada a ser UNO en Cristo Jesús: “…os habéis revestido de Cristo. No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Palabras acertadas de San Pablo que reflejan el pensamiento más íntimo de Jesús: «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn. 17,21).

II.1. «Bienaventurado el vientre que te llevó»

No cabe duda que, al escuchar estas palabras del evangelio, crean en nosotros una especie de desazón al comprobar que Jesús apenas hace caso del elogio de una mujer sencilla y de pueblo a María, la madre de Jesús. Pero sólo aparentemente. Hace unos días, al comentar la escena de Marta y María, veíamos la importancia de que María estuviera escuchando la Palabra de Dios. Era como abrir el horizonte de toda mujer al mundo del espíritu, al mundo de la cultura y, sobre todo, al mundo de la Biblia, al mundo de Dios. Si Jesús no puede tolerar el reduccionismo al que está sometida la mujer en su tiempo “cocina-hijos”, mucho menos puede reducir a su propia madre a una función meramente biológica: “vientre y pechos”. Su madre es eso y muchísimo más. María es la “oyente de la Palabra de Dios”, la que se ha fiado plenamente de esa Palabra, es más, la que ha encarnado en sus entrañas la misma Palabra, el Verbo, la Segunda persona de la Santísima Trinidad.  ¡Ésa es su grandeza! Por otra parte, María ha “conservado en su corazón esa Palabra”, la ha rumiado, la ha asimilado, la ha hecho vida. María, en las bodas de Caná, dice “Haced lo que Él os diga”. Con estas palabras María nos envía al Evangelio a todos los que acudimos a Ella.  María vivió en esta vida las cosas más grandes y sublimes, fue elegida predilecta de Dios en todo momento y el amor de Dios invadía su persona y, por tanto, su vida. Y María no hace otra cosa sino decirnos lo que Ella siempre ha hecho.

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